domingo, 22 de febrero de 2009

¿CUANTO PERDEMOS EN ESTA VIDA?

Hora punta en una estación de metro en la ciudad de Washington. Un músico toca el violín vestido con vaqueros, una camiseta y una gorra de béisbol. Es una fría mañana de enero. Durante los siguientes 45 minutos, interpretó seis obras de Bach. Durante el mismo tiempo, se calcula que pasaron por esa estación algo más de mil personas, casi todas camino a sus trabajos.

Transcurrieron tres minutos hasta que alguien se detuvo ante el músico. Un hombre de mediana edad alteró por un segundo su paso y advirtió que había una persona tocando música.

Un minuto más tarde, el violinista recibió su primera donación: una mujer arrojó un dólar en la lata y continuó su marcha. 

Algunos minutos después, alguien se apoyó contra la pared a escucharlo, pero el hombre miró su reloj y comenzó a caminar de nuevo. Era evidente que tenía prisa y llegaría tarde a su trabajo.

El que pone mayor atención es un niño de 3 años. Agarrado a su madre, el chico se detiene a mirar al violinista, pero su madre tras unos segundos de espera, tira de él fuertemente y el niño continua caminando girando su cabeza todo el tiempo para mirar al artista. Esta acción fue repetida por varios niños. Todos los padres, sin excepción, los obligaron a seguir.

En los tres cuartos de hora que el músico tocó, sólo seis personas se detuvieron y otras veinte dieron dinero, sin interrumpir su camino. El violinista recaudó 32 dólares.

Cuando terminó de tocar y se hizo silencio, nadie pareció advertirlo. No hubo aplausos, ni reconocimientos. 

Nadie lo sabía, pero ese violinista era Joshua Bell, uno de los mejores músicos del mundo, tocando las obras más complejas que se escribieron alguna vez, con un violín tasado en 3.5 millones de dólares. 

Dos días antes de su actuación en el metro, Joshua Bell colmó un teatro en Boston, con localidades que promediaban los 100 dólares.

Esta es una historia real. La actuación de Joschua Bell de incógnito en el metro fue organizada por el diario The Washington Post como parte de un experimento social sobre la percepción, el gusto y las prioridades de las personas.

La consigna era: en un ambiente banal y a una hora inconveniente, ¿percibimos la belleza?… ¿Nos detenemos a apreciarla?… ¿Reconocemos el talento en un contexto inesperado?…

Una de las conclusiones de esta experiencia, podría ser la siguiente: 
Si no tenemos un instante para detenernos a escuchar a uno de los mejores músicos interpretar la mejor música escrita, ¿qué otras cosas nos estaremos perdiendo?…


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